Lo Licito del Sexo
 

LO LÍCITO DEL SEXO
Autor: Material extraído del libro Sobre el Sexo y el Amor, de Enrique Chaij. Adaptado por la DSA.
Objetivos del programa: Conocer lo que Dios dice acerca del sexo.
Saber los límites que Dios ha dado para el uso del sexo.
Decidir mantenernos puros, aun en medio de un mundo corrupto e inmoral.
Planes para el programa: Preparar el programa es sumamente simple, sin embargo, es necesario tener precaución de entregar las exposiciones con anticipación a personas de' prestigio y apropiada moral, ya que el tema del programa así lo requiere.
Introduccion
¿Dónde aprenden los jóvenes la mayor parte del conocimiento que poseen acerca del sexo? Una publicación especializada en la materia afirma que el 90% de lo que saben los adolescentes sobre la vida sexual lo aprenden de sus amigos, generalmente mal informados.
Los padres suelen ocuparse muy poco en la educación sexual de sus hijos, inclusive menos que la madre. ¿Será posible que le tengamos miedo al tema, o que nos dé vergüenza tratarlo libremente y con altura? No es de extrañar que estos jóvenes a quienes no se les habló del sexo desde la perspectiva cristiana, elijan equivocadamente.
Es cierto que los tiempos han cambiado y que los niños y adolescentes están mucho más informados que en el pasado, sin embargo, hay muchos jóvenes que debido a su ignorancia y falta de advertencia se han iniciado en diferentes desviaciones sexuales, y hoy son víctimas de ellas.
Cuántos noviazgos se echan a perder cada día, y cuántas esposas le tienen alergia al lecho matrimonial por causa del mal comportamiento del varón, quien no fue informado a tiempo sobre la manera correcta de orientar su instinto viril. ¿No cree usted que como iglesia estamos obligados a salvaguardar la moral y la felicidad de nuestros jóvenes?
Vivimos en los días de la "liberación" del sexo. Los conceptos imperantes acerca del tema han desatado la nueva corriente moral que impregna la sociedad moderna. Se acabaron los tabúes del pasado. Hoy expresamos con total naturalidad ideas y opiniones sobre el sexo, que ayer hubiéramos rotulado de prohibidas.
Y como resultado de esta nueva actitud, abundan los artículos y las publicaciones de corte popular que tratan diversos aspectos de la vida sexual. Hasta se recomienda la correcta educación sexual, a fin de orientar al niño y al adolescente sobre este importante capítulo de la anatomía y la fisiología humana.
Sin embargo, esta saludable apertura no siempre ha producido los efectos anhelados. Desafortunadamente, el mayor conocimiento y la mayor liberalidad acerca del tema, con frecuencia carente de un marco ético y moral, han favorecido un descontrol en la conducta y en las buenas costumbres. Y esto, que advertimos nítidamente en nuestras latitudes, se aprecia con mayor intensidad en muchos de los países del hemisferio norte, donde alarma el aumento de las enfermedades venéreas, el SIDA, el divorcio, las madres solteras y otra suerte de males sociales resultantes de una liberación sexual mal entendida.
¿Cuál es la actitud correcta que el joven cristiano debe asumir frente a tal situación? ¿Cómo puede responder a las diarias tentaciones que se le presentan? ¿Qué camino debe seguir para seguir a Jesús?
Este programa te ayudará a encontrar las respuestas.
DESARROLLO
Primer orador
Una muchacha cristiana preguntaba acerca del trato que debía mantener con su novio. Ella lo amaba, pero él no estaba conforme con la clase de amor que ella le profesaba. El quería algo más. Por eso insistía en que ella le diera la "máxima prueba de amor".
Pero lo que parecía tan aceptable -por lo menos a la vista de muchos-, a la referida muchacha la perturbaba y le estaba produciendo un conflicto de conciencia. No quería renunciar a su pureza, pero tampoco deseaba apartarse de su novio, a quien amaba. Finalmente, la señorita tomó una decisión heroica, de la cual no se arrepintió.
Este caso pinta la realidad de muchas otras parejas de novios que, malentendiendo la naturaleza del verdadero amor, se han iniciado en experiencias prematrimoniales. ¿Con qué resultado? Cuando vemos con cuánta frecuencia tienen que producirse matrimonios apresurados; o cuando sabemos de mujeres frígidas por causa del trauma provocado por un mal noviazgo; o cuando nos consultan almas cargadas de un fuerte sentimiento de culpa; o cuando tratamos a esposos jóvenes agobiados por la rutina y el aburrimiento, entonces decimos cuánto mejor es asegurar la felicidad conyugal, no cayendo en apresuramientos o apasionamientos de orden moral.
Zulema estaba de novia con Alberto. El le rogó y hasta le exigió la consabida "prueba de amor". Ella no supo decir que no. En realidad, pensó que sería una sola vez, pero no fue así. Esa primera ocasión fue seguida de muchas otras, hasta que la propia Zulema llegó a sentirse más amante que novia de Alberto. Y finalmente confesó: "Ya no soy libre, sigo con él porque no sé qué hacer. Tengo miedo. No soy feliz. Ya no puedo ser la futura esposa de Alberto, porque no soy la mujer con la cual él soñó. Continuamente me espanta la idea de quedar embarazada. En mi casa cada cosa que veo, cada mirada de mis padres es una reprensión por mi conducta libertina que ellos desconocen. Cuando estoy sola lloro y me siento morir".
La confesión sincera de Zulema, ¿no señala acaso el drama íntimo de muchas otras muchachas que se han iniciado en las relaciones prematrimoniales? Podrá aducirse que cuando existe el amor verdadero y responsable, o que cuando están a punto de casarse y saben lo que quieren, los novios pueden practicar las relaciones íntimas sin peligro ni traumas de ninguna clase. Pero quien así se exprese, ¿sabe realmente lo que dice?
Es verdad que hoy vivimos en la hora de la "autenticidad" y de la "revolución sexual". Pero estas expresiones no pueden revestir de lícito lo que declaradamente atenta contra el carácter sagrado del noviazgo, el matrimonio y la familia. Puede ser que tú, joven, estés de novio o novia, o que esperas estarlo en un momento futuro. Permíteme decirte entonces que la mejor prueba de tu amor no estará dada por la máxima entrega de tu cuerpo, sino por la entrega pura y leal de tu corazón al ser con quien esperas unir tu vida. El Creador ha dispuesto que sólo los esposos -y no los novios- sean "una sola carne" (Efe. 5:31).
Los mejores goces de la vida se logran cuando permanecemos leales al esquema de conducta que Dios nos ha trazado en las páginas de su Revelación. Las delicias de un corazón puro superan infinitamente al fugaz placer de la gratificación carnal.
¿De qué manera, entonces, se demuestra el amor durante el noviazgo?, el argumento es que así podrán conocerse mejor y asegurar una mayor armonía matrimonial desde un mismo comienzo. De ser cierto este argumento, esta práctica tendría que producir matrimonios más estables, porque los contrayentes se "conocieron" previamente.
Pero, ¿qué dicen las frías estadísticas acerca de los matrimonios que antes del casamiento tuvieron relaciones sexuales? Que tales matrimonios son los más inestables, con mayor índice de desavenencias y de separación. Eso sin contar que tal práctica da lugar a frecuentes casamientos de apuro, amargadas madres solteras, abortos traumatizantes, hijos abandonados o, en el caso de la mujer, la penosa sensación de haber sido usada como un objeto sexual, mayormente para la gratificación genital del varón.
Joven, un comentario para tu manejo personal. Si necesitas tener alguna razón para rechazar la propuesta de la "prueba de amor", aquí te sugerimos cuatro. Podrías decirle a tu novio:
1. ¿Te gustaría que el novio de tu hermana le pidiera a ella esto mismo?
2. Con todo lo que nos conocemos y queremos, ¿te parece que necesitas esto para demostrarte que te quiero?
3. Si quieres que yo sea la madre de tus hijos, ¿cómo me propones una cosa así? ¿Qué dirías si el día de mañana el novio de nuestra hija le pidiera esto a ella?
4. Tú me pides una "prueba" de mi amor. Pues yo te pido una "prueba" de respeto hacia mí. ¿Tú quieres usarme o amarme?
5. Dios ha guardado a las relaciones sexuales para el matrimonio, y yo quiero obedecerle.
Pero si el caso fuese inverso, y fuera tu novia la que te provoca sexualmente, ¿qué harías tú? ¿Demostrarle que eres hombre y aceptar la provocación de ella? ¿O justamente por ser hombre decirle que lo que tú quieres es una mujer para novia y esposa, y no una liviana que podría serte infiel en cualquier momento?
San Pablo declara: "Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba" (Rom. 14:22). ¡Cuán fácilmente un joven puede arruinar su vida por causa de lo que apruebe al actuar de manera irreflexiva! Que tú puedas aprobar y practicar en tu comportamiento lo que sea noble y constructivo. ¡entonces serás bienaventurado!, es decir, tendrás dicha y bienestar.
La muchacha creía ser dueña de la verdad. Pero con su actitud tenía atormentados a sus padres. Vez tras vez les repetía a ellos: "Yo soy una chica moderna y quiero gozar de la vida", y con tales palabras, esta hija pretendía que sus padres le dieran completa libertad para hacer lo que quisiera.
¿Qué entendía ella por "gozar de la vida"? Para ella, "gozar de la vida" era pasar de mano en mano entre los muchachos, practicar el amor libre, descuidar todos sus deberes y desligarse de toda disciplina familiar.
Esta equivocada muchacha no se había detenido a observar el triste fin de muchas otras chicas que antes que ella habían pensado y actuado de la misma manera. Es que, ¿quién podría sostener la idea de ser feliz llevando una vida descarriada? Y nuestra muchacha no lograba entender-
Sus padres le habían hablado una y mil veces. Pero ella seguía empecinada en su extravio y afirmaba que sus padres eran "viejos obsoletos que no podían entender el concepto moderno de libertad".
Seamos generosos con esta chica "incomprendida", y aceptemos que sus
padres son como ella dice. Pero, ¿qué diremos acerca de ella misma? ¿Es más feliz, o está gozando más de la vida con su conducta licenciosa, como lo pretende? ¡Por supuesto que no! Es cosa de observarla, apenas, para advertir en su rostro y en sus palabras un espíritu hostil y amargado. Esa es la vida "linda" que está viviendo: sin ideales, sin trabajo fijo y resentida sin causa.
Como una hermosa flor primaveral, pero ajada por el vicioso manoseo de la carnalidad.
¡Ay muchacha irreflexiva! ¿Por qué no colocas tus pies sobre la tierra? ¿Adónde pretendes llegar con tu manera de vivir? ¿No te das cuenta de que tu placer fugaz te deja sola y vacía? Los muchachos no buscan tu amistad; simplemente buscan tu cuerpo. Y dándolo, ¿adónde quieres llegar? Estás consiguiendo lo contrario de lo que buscas. En lugar de "gozar de la vida", estás malgastando y perdiendo la vida. Lo que te hace falta para disfrutar de tu juventud es acercarte arrepentida a Dios. Y él te dirá, como Jesús le dijo a aquella mujer libertina: "No te condeno. Vete y no peques más" (Juan 8:11).
Si recapacitas, verás que ésa es tu gran necesidad. Y cuando llegues a ser una nueva persona, con la ayuda de Dios, sentirás que la felicidad y la paz dominarán tu alma. Entonces te llevarás bien contigo misma, con tus padres y con Dios.
Recuerda que sin Dios no hay felicidad. En cambio, con él no sólo hay gozo verdadero, sino también fuerza espiritual para vivir con pureza y corrección.

Segundo orador
Alejandra, una muchacha de 18 años, tiene muchos amigos. Periódicamente sale con uno de ellos en especial. Para su madre es simplemente un amigo, una "simpatía" del momento. Sin embargo, una y otra vez Alejandra se entrega a uno y a otro como un modo que cree normal de culminar la relación.
Pero Alejandra no se siente feliz; cada vez le satisface menos su conducta. Y precisamente por eso, en busca de una mayor satisfacción, cada vez se entrega más a su conducta licenciosa. Ha perdido su encanto y espontaneidad, y se ha vuelto un tanto cínica. Quien la observe detenidamente y contemple la expresión de sus ojos, dirá que Alejandra es una joven vieja.
Esta es una de las tantas chicas que sufren la angustia de las relaciones prematrimoniales. Una muchacha envejecida, porque no entiende la verdadera naturaleza del amor. Ella parece desconocer que el amor que termina en un momento, no es amor. Tampoco es amor genuino la simple excitación genital.
"El amor verdadero nace del diálogo, crece en la amistad y en la dificultad, lo nutre la generosidad, lo protege la comprensión, lo consolida la unión definitiva, lo guarda la fidelidad, y lo exalta la delicada mezcla de intimidad y respeto" (Relaciones prematrimoniales, E. Paulinas, pág. 7).
Y cuando se tiene tal concepto del amor, no se lo podrá confundir con una "aventura", con un "placer carnal", con una pasión momentánea o con una grata experiencia de libertad.
Alguien ha dicho: "Experimentar lo que es propio del matrimonio antes de efectuarlo, es romper lo mejor del matrimonio. Es como comer una fruta verde para aprovecharla totalmente. Es romper un juguete para conocer su mecanismo".
La experiencia de Alejandra -o cualquier otra parecida-encierra una relación donde predomina la gratificación egoísta, sin compromiso de amor ni fidelidad. Esta es la clase de relación que enturbia la mirada, enferma el corazón, a menudo también el cuerpo, y mancilla el carácter sagrado del sexo como don de Dios.
En cambio, diferente es el caso de la intimidad matrimonial, programada por el Creador. Esta gratifica a ambas partes por igual, porque se trata de una relación de amor fiel, madura y responsable. Es el fruto de un pacto de amor y de fidelidad constante. No es la mera búsqueda del placer egoísta. Es más bien la entrega recíproca, que no genera culpas ni insatisfacción, sino que hace felices al marido y a su mujer.
Una chica como Alejandra, escribió:
"Por un tiempo pensé que esa vida era lo mejor para mí. Había paseos, comidas y cama. Pero lo que en un comienzo me halagó, llegó a ser una costumbre aborrecible. Me sentí usada como objeto sexual. Eso era lo contrario de amor. Y así sentí que había perdido mi dignidad de mujer. Pero un día me encontré con Cristo, y él me sacó de ese fango. Hoy soy otra persona".
¿Has oído hablar del nenúfar? Es una planta que suele crecer en el fango y en el agua sucia de los pantanos. Pero en ese ambiente contaminado, el nenúfar produce su flor de impecable blancura, como si no hubiese suciedad a su alrededor. Esta planta bien puede representar tu vida. No importa cuántos malos ejemplos pueda haber a tu lado, con Dios te será posible superar la suciedad del ambiente, y tener un corazón blanco como el nenúfar. ¡Esto te hará feliz!
Una joven confesaba: "Yo mantengo relaciones con, un hombre casado. Últimamente su esposa se ha enterado de la realidad, y ahora ella me odia a muerte. El marido me ha dicho que me sigue amando, pero reconoce que lo nuestro no puede continuar". Y la joven adolescente se pregunta desesperada: "¿Qué hago? Estoy desesperada y sin paz. Yo amo a este hombre de todo corazón, pero me doy cuenta que lo mío es un amor imposible. ¡Necesito ayuda!"
¡Qué lástima que se diera cuenta demasiado tarde de que esta clase de amor no puede prosperar! Tú podrás decir que ese hombre no se lleva bien con su mujer. Pero, ¿te parece que ésa puede ser razón suficiente para que te interpongas en su camino? Con tu presencia en la vida de él no haces más que empeorar su matrimonio y arruinarte tú misma. ¿Qué puedes hacer? Abandonar inmediatamente esa relación ilícita de un amor imposible, que no te corresponde ni te hará feliz. Y aunque él te busque, abre tus ojos para comprender que de esta forma estás robando el amor de otra mujer y privándote de la bendición divina.
Lo mismo vale para los hombres. Deje a esa chica, que bien podría ser su hija. No la engañe, ni la compre con regalos. Proceda como un hombre de bien, y transfiera ese amor imposible a su esposa para hacerla feliz. No confunda amor con pasión irresponsable. ¿Qué pretende con esta conducta? ¿Destruir por completo su matrimonio? ¿Malograr el futuro de sus hijos? ¿Envilecer a esa pobre muchacha que cayó en la red que usted le tendió? ¿Se da cuenta de cómo se ha complicado su propia vida por causa de su infidelidad conyugal?
Señor, ¿por qué no recupera su tranquilidad y su salud regresando al correcto proceder? Vuelva a tener limpia su mente y su mirada. Vuelva a su familia y a Dios, e incúlquele eso mismo a esa chica. ¿Recordará que caminar rectamente y en la compañía de Dios siempre rinde los mejores dividendos?
¿Sabía usted que alrededor de la cuarta parte de las chicas que se casan están embarazadas cuando se presentan delante del altar? Y además, ¿sabía que cerca del 80% de las muchachas tienen relaciones íntimas con sus novios antes del casamiento? En algunos países estos porcentajes son más elevados todavía. Pero sea. cual fuere la realidad exacta de cada pueblo y país, es evidente que la conducta sexual de nuestro tiempo está produciendo consecuencias indeseables dentro del matrimonio y el hogar.
Debido a la práctica de las relaciones prematrimoniales, se están produciendo cada día más casamientos apurados. Esos casamientos se formalizan para conservar las apariencias y tapar una vergüenza de familia, pero que de todos modos la verdad saldrá a la luz pocos meses más tarde, y cuando nace el bebé, sano y de buen peso, ¿quién podrá creer que se trata de un prematuro, por más carita de inocentes que pongan los padres?
Estos matrimonios realizados obligada y apuradamente entrañan grave riesgo. A veces, porque los contrayentes carecen de madurez para vivir como esposos, o bien porque no poseen idoneidad para criar al hijo que vino sin quererlo. Y ante esta falta de capacidad para ser buenos esposos y padres, fácilmente surgen los malentendidos y las reyertas dentro de ese improvisado hogar. Y en un clima tal de desavenencia, ¿debería extrañarnos luego que se estuviera gestando el naufragio matrimonial?
¡Cuántos matrimonios jóvenes se deshacen cada día precisamente por estas razones! Y después viene la inevitable secuela de dolor, soledad y desencanto. Eso sin contar la triste suerte que debe sufrir ese inocente hijo, que vino al mundo por la irresponsabilidad de sus padres.
¿Por qué ocurren estos hechos? En buena medida porque en multitud de jóvenes se repite la antigua historia de Sansón, quien se enamoró perdidamente de una muchacha tan sólo por su aspecto físico. Y la única razón que presentó para casarse con ella fue que le había agradado a sus ojos. Pero ¡qué fracaso le produjo esa actitud!
Hasta hoy, toda vez que el noviazgo se confunde con atracción física y se incurre en relaciones indebidas, las consecuencias aparecerán y repercutirán contra la propia felicidad matrimonial, si es que la boda llega a realizarse alguna vez.
Jóvenes, si el día de mañana quieren formar un hogar dichoso, donde no se levanten las sombras de la discordia, fíjense bien cómo están orientando su noviazgo. Recuerden que el amor y la pureza deberían ir unidos. Pidan la bendición de Dios sobre sus vidas, y compórtense como Dios ha previsto en los diez mandamientos: "No adulterarás".
CONCLUSION
Una de las pieles más costosas del mundo es la del armiño, ese animalito que vive en los matorrales de Asia y de Europa, y que cuida con singular orgullo su blanco pelaje, es increíble cómo se protege a sí mismo para no mancharse.
De esta característica del armiño los cazadores obtienen cruel ventaja. En lugar de colocar trampas para cazarlos, cubren con barro la entrada de la cueva del pequeño animal. Cuando éste llega allí, en lugar de limpiar la puerta obstruida por el barro, por no manchar su piel prefiere ponerse a luchar contra los perros de caza, ante los cuales, por cierto, siempre sale perdiendo. Y así, por mantenerse limpio, el armiño pierde la vida.
Pequeño animalito de los matorrales, ¡qué gran lección nos enseñas!: Que la pureza vale más que la vida. Si los cazadores, los curtidores y los confeccionistas que viven de tu piel aprendieran esta lección, cuán beneficiados podrían ser.
El ejemplo del armiño es una muda condena a la naturaleza humana, que muchas veces nos induce a practicar la impureza, para luego cosechar sus amargos resultados.
El Gran Maestro declara al comienzo de su célebre sermón de la montaña: "Bienaventurado los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mat. 5:8). Mientras la impureza en cualquiera de sus formas deja una huella de remordimiento tras el placer fugaz que provoca, la limpieza del alma proporciona la íntima alegría de vivir.
Ciertamente, es bienaventurado o feliz el hombre que conserva la pureza de su corazón y repudia toda bajeza humana. Por otro lado, no puede ser feliz el hombre o la mujer, que mancha su dignidad con las andanzas de una vida libertina.

 

 

   
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